Sabemos que nos mienten. Ellos saben que mienten. Ellos saben que sabemos que nos mienten. Sabemos que ellos saben que sabemos que nos mienten. Y sin embargo, siguen mintiendo.


Antes de nada: la frase del título se atribuye falsamente a Aleksandr Solzhenitsyn, pero no es suya.

Se la colocan a él porque encaja como anillo al dedo con su visión del totalitarismo soviético —ese en el que la mentira no era un defecto, sino el combustible del sistema—, pero no aparece en ninguno de sus libros ni discursos.

Lo que sí escribió, y que duele más porque es literal, es algo así: “En nuestro país la mentira se ha convertido no solo en una categoría moral, sino en la industria pilar del Estado”. Eso sí es puro Solzhenitsyn, crudo y sin adornos.

La que circula como viral de WhatsApp y memes es una versión popularizada, amplificada, dramatizada… pero apócrifa. Como tantas otras cosas que nos tragamos enteritas porque “suena a verdad”.

Y hablando de verdades que duelen envueltas en risa, permitidme hermanarla con la del genio absoluto: Mario Moreno, “Cantinflas”.

Hace cuatro años ya la cité aquí en el blog (en aquel post que, por razones misteriosas —o no tan misteriosas—, sigue siendo de los más visitados todos los santos días… claramente la gente entra por la frase y se queda por mi prosa impagable, ¿verdad? 😂).

La frase de Cantinflas empieza así:

“Estamos peor, pero estamos mejor… Porque antes estábamos bien, pero era mentira. No como ahora que estamos mal, pero es verdad.”

(La dijo en Su Excelencia, 1967, en uno de esos discursos cantinflescos que parecen incoherentes pero te clavan un puñal de lucidez en el hígado.)

Fijaos qué maravilla: las dos frases —la “rusa” apócrifa y la mexicana auténtica— se dan la mano en el mismo absurdo humano.

En una, todos sabemos que hay mentira, todos fingimos no saberlo, y todos seguimos jugando al mismo teatro. En la otra, admitimos que ahora estamos peor… pero al menos es peor de verdad, no ese “bienestar” de cartón que nos vendían antes.

Y aquí viene la ironía destilada: seguimos votando, compartiendo, debatiendo y enfadándonos como si el próximo ciclo fuera a romper el guion.

Sabemos que nos mienten (o al menos sospechamos con fuerza), ellos saben que lo sabemos, y sin embargo… ahí vamos otra vez, comprando la entrada para la misma función.

Porque, ¿qué otra cosa nos queda? ¿Dejar de ir al teatro y quedarnos en casa viendo Netflix? Nah, eso sería demasiado aburrido.

Al final, entre Solzhenitsyn (el que sí dijo cosas duras) y Cantinflas (el que las dijo riendo para que no duelan tanto), nos queda claro que la humanidad lleva siglos perfeccionando el arte de saber que nos toman el pelo… y seguir aplaudiendo al mago, ¿verdad?😉