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Rebote en Wall Street: semiconductores, Geopolítica y el Músculo de la Gran Banca



El mercado financiero nos ha recordado esta semana que, en el entorno actual, la volatilidad es la sombra de los récords.

Tras un inicio de semana eufórico que llevó a los índices a máximos históricos, vivimos dos días de corrección que se sintieron especialmente profundos por el contraste. Sin embargo, el jueves los toros volvieron a tomar el control.


¿Qué ha impulsado este giro al alza? No ha sido un solo factor, sino una combinación de resultados corporativos sólidos y movimientos estratégicos en el tablero geopolítico.

  1. El «Efecto Taiwán»: Semiconductores y Diplomacia
    El gran protagonista de la jornada ha sido Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC). Sus resultados del cuarto trimestre de 2025 no solo han superado las expectativas, sino que su anuncio de un gasto de capital (Capex) de 56.000 millones de dólares para 2026 ha actuado como una inyección de adrenalina para un sector tecnológico que empezaba a mostrar signos de fatiga.
    Pero la tecnología no viaja sola; viaja con la política. La administración estadounidense ha anunciado una actualización comercial clave: la reducción de los aranceles a Taiwán del 30% al 15%. A cambio, se espera una inversión directa de 250.000 millones de dólares y un aumento en la financiación. Este movimiento alivia las tensiones en la cadena de suministro de chips y refuerza la confianza en el sector de semiconductores, vital para la narrativa de la Inteligencia Artificial.
  2. La Banca de Inversión: Máquinas de generar ingresos
    Si el sector tecnológico puso el crecimiento, la banca puso la base. Los cinco grandes bancos de inversión cerraron un año histórico con unos ingresos por trading de 134.000 millones de dólares.
    Destaca especialmente Goldman Sachs, que ha establecido un récord en Wall Street al generar 4.310 millones de dólares en solo tres meses. Estos números sugieren que, a pesar de la incertidumbre macroeconómica, la actividad de mercado sigue siendo frenética y rentable para los creadores de mercado.
  3. Materias primas y Geopolítica: La calma del petróleo y la plata
    En el sector de las commodities, hemos visto movimientos interesantes a la baja:
  • Petróleo: Cayó un 4%, reaccionando a la aparente falta de intervención directa de EE. UU. en Irán. El mercado descuenta, por ahora, que el flujo de crudo no sufrirá interrupciones inminentes.
  • Plata: Retrocedió después de que la Casa Blanca decidiera no imponer aranceles a metales críticos, eliminando una presión alcista que se había estado gestando por temor a políticas proteccionistas.

La visión de la Fed y nuevos horizontes


En el plano institucional, Michael Barr (Gobernador de la Reserva Federal) mantuvo un discurso de continuidad, sin grandes sorpresas que alteraran el ánimo de los inversores.

Mientras tanto, en el frente internacional, surgen rumores sobre un posible acuerdo estratégico entre EE. UU. y Groenlandia, lo que abre una nueva dimensión en la búsqueda de recursos y posicionamiento ártico.


Conclusión para el inversor

Estamos ante un mercado que «compra» las caídas con rapidez, apoyado en unos beneficios empresariales que, de momento, justifican las valoraciones.

La clave para las próximas sesiones estará en ver si este optimismo en los semiconductores se traslada al resto de la «Big Tech» y cómo se digiere la hoja de ruta política en EE. UU., incluyendo los detalles del esperado Trump Care Plan.

El rebote del jueves es un alivio, pero en máximos históricos, la vigilancia debe ser extrema.

El déficit comercial de EE. UU. y los aranceles en 2025


Por Ana Swanson y Ben Casselman – Publicado en el New York Times, hoy 19 de febrero de 2026 (en la versión online)

Este post es mi resumen divulgativo del artículo, traduciéndolo y resumiéndolo. Las cantidades se han convertido a billones europeos (1 millón de millones, frente a 100.000 millones en EEUU)


Titular:
En 2025, los aranceles de EE. UU. han alterado el comercio global, pero no han logrado revertir la tendencia estructural del déficit comercial. El debate sobre su eficacia sigue abierto.


En 2025, el déficit comercial de Estados Unidos volvió a situarse en el centro del debate económico, especialmente bajo la administración de Donald Trump, que mantuvo su apuesta por los aranceles como herramienta para intentar reducirlo. Según los datos de la Oficina del Censo, el déficit comercial total (bienes y servicios) se redujo levemente respecto al año anterior, alcanzando los 901.000 millones de dólares frente a los 903.000 millones de 2024. Sin embargo, este pequeño descenso se debió únicamente al aumento del superávit en servicios, ya que el déficit en bienes físicos marcó un récord histórico.

Durante el año, las importaciones totales de bienes y servicios crecieron un 4,7%, hasta los 4,3 billones de dólares, mientras que las exportaciones aumentaron un 6,2%, llegando a los 3,4 billones. A pesar de las promesas del presidente Trump de que los aranceles reducirían las importaciones y reactivarían la industria estadounidense, los datos muestran un impacto desigual. Por un lado, los aranceles han provocado una reorganización de los flujos comerciales globales, con algunos países aceptando tarifas del 15% (las más altas en décadas) y otros buscando alternativas para evitar los gravámenes.

En meses como agosto, los aranceles provocaron caídas notables en las importaciones y en el déficit comercial mensual, que llegó a reducirse casi un 24% respecto al mes anterior, situándose en 59.600 millones de dólares. Sin embargo, en otros periodos, el déficit se amplió, especialmente en la primera mitad del año, cuando el déficit acumulado creció más de un 17% respecto al mismo periodo de 2024.

El debate sobre la eficacia de los aranceles sigue abierto. Mientras la administración Trump considera el déficit comercial como una señal de debilidad económica y justifica los aranceles como una medida de emergencia nacional, muchos economistas dudan de que estas políticas puedan eliminar el déficit de manera sostenible. Además, la declaración del déficit como “emergencia” ha permitido al presidente utilizar leyes especiales para imponer aranceles, lo que ha generado desafíos legales y tensiones con socios comerciales clave como Canadá, México, China y la Unión Europea.

En resumen, el artículo del New York Times firmado por Ana Swanson y Ben Casselman destaca que, aunque los aranceles han alterado el comercio internacional y han provocado fluctuaciones en el déficit comercial, no han logrado revertir la tendencia estructural de Estados Unidos a importar más de lo que exporta. El superávit en servicios ha sido el principal factor que ha evitado un aumento mayor del déficit total, mientras que el déficit en bienes sigue creciendo. La política arancelaria ha generado incertidumbre, afectando tanto a empresas como a consumidores, y el debate sobre su eficacia y consecuencias a largo plazo continúa abierto.


Resumen final:
Los aranceles han cambiado el panorama comercial, pero el déficit estructural de EE. UU. persiste. El superávit en servicios amortigua el golpe, mientras el déficit en bienes sigue en aumento.en siendo inciertos.