Vivimos una época curiosa: nunca habíamos tenido tanto acceso al conocimiento y, sin embargo, parece que pensar se ha vuelto opcional.
Asimov lo dijo con ironía quirúrgica: hemos confundido igualdad de derechos con igualdad de criterio.
En redes, en política, incluso en mercados, la opinión rápida pesa más que el análisis lento. Todo se vuelve debatible, incluso lo que es verificable. Y así, el experto duda, matiza… mientras el ignorante afirma con una seguridad envidiable.
En trading esto es casi un patrón clásico: el que menos sabe suele operar con más convicción. El mercado, por supuesto, se encarga de educarlo.
La buena noticia es que el conocimiento sigue siendo una ventaja competitiva. La diferencia es que ahora exige humildad: aprender, filtrar, callar a tiempo.
Quizá el verdadero lujo hoy no es opinar. Es entender.
