Vivimos en la dictadura del dato.
Parece que si algo no tiene una métrica, una gráfica de barras o un algoritmo de Inteligencia Artificial que lo respalde, simplemente no existe.
Nos hemos vuelto adictos a las respuestas rápidas, empaquetadas en titulares de tres líneas, como si el universo —o el Ibex 35— tuviera la amabilidad de ser tan simple como un manual de instrucciones de una freidora de aire.
La trampa de la «solución total»
Richard Feynman, que de entender cómo funciona el mundo sabía un rato, nos dejó este dardo lógico. Y es que hoy se lleva mucho eso de las «respuestas incuestionables». Ya sea en la oficina, en el laboratorio o en la terminal de Bloomberg, siempre hay alguien vendiéndote la verdad definitiva. Pero cuidado: la soberbia de creer que lo sabemos todo es el primer paso hacia el error más catastrófico. En tecnología, como en la vida, el que deja de hacerse preguntas es el primero en quedar obsoleto.
El esfuerzo de la duda
Dicen que la duda es incómoda, pero el esfuerzo de mantener la mente abierta es lo que realmente nos hace avanzar. La pasión no nace de encontrar la respuesta, sino de la persecución incansable de la pregunta adecuada. Es esa chispa eléctrica que sientes cuando algo no encaja y, en lugar de mirar hacia otro lado, decides hurgar en la herida de la lógica hasta que sangre entendimiento.
La paz de la incertidumbre
Hay una extraña felicidad en aceptar que no tenemos todas las respuestas. Es una paz lógica, casi matemática. Cuando dejas de pelearte con la incertidumbre y empiezas a disfrutar del juego de la probabilidad, el estrés se disipa. La verdadera paz mental no es saber qué va a pasar mañana, sino confiar en que tienes la agudeza necesaria para cuestionar lo que te cuenten cuando ese mañana llegue.
Lógica contra el dogma
Así que, la próxima vez que te presenten una «verdad absoluta» (especialmente si viene de algún personaje al que le guste más hablar que pensar y escuchar), hazte un favor: desconfía.
Abraza la pregunta sin respuesta.
Porque es en ese espacio en blanco, donde la lógica se encuentra con la curiosidad, donde realmente ocurre el progreso.
Al final, la ciencia no va de tener razón, sino de ser lo suficientemente honesto como para admitir cuando no la tienes.
Y eso, amigos, es la forma más elevada de entusiasmo.
Buen sábado.
