🇨🇺➡️Cuba en la UE y con pasaporte español: el sueño que el exilio y la isla podrían compartir 🕊️


La otra tarde, hablando con mi amigo Oswaldo Lenin Valdecasas —médico, economista, profesor universitario y, sobre todo, cubano de pura cepa—, salió una conversación que se vino conmigo dando vueltas en la cabeza.

Oswaldo, con esa mezcla de ironía y seriedad que tienen muchos cubanos cuando hablan del futuro de su isla, me dijo algo más o menos así:

«Mira, si algún día se abre una ventana de verdad… ¿y si en lugar de seguir soñando con un modelo que no llega nunca, o con una transición que siempre se pospone, se plantea algo radicalmente distinto? ¿Y si Cuba volviera a ser parte de España… pero no ya como colonia, sino como Comunidad Autónoma, de iguales?»

Al principio me reí. Luego me quedé callado. Y después empecé a pensarlo en serio. Y he decidido publicar sus planteamientos en mi blog, junto con mis reflexiones.

Porque históricamente no es una locura completa: hasta 1898 Cuba era provincia española. Lo fue durante siglos. Fue la intervención estadounidense en la Guerra Hispano-Estadounidense la que cambió el rumbo y, con el tiempo, convirtió la isla en una especie de granero del Caribe controlado por empresas agrícolas norteamericanas (United Fruit Company y otras similares lo saben muy bien). La historia no miente: hubo un antes y un después de 1898.

Entonces, ¿y si hoy, en pleno siglo XXI, se ofreciera a los cubanos —voluntaria y democráticamente— recuperar ese vínculo, pero en términos radicalmente distintos?

Imaginemos que Cuba se convirtiera en Comunidad Autónoma de España. Eso implicaría, desde el primer día:

  • Aceptar y aplicar la Constitución Española y los parámetros democráticos de la Unión Europea. Pluralismo político real, elecciones libres, separación de poderes, libertad de expresión, prensa independiente, sindicatos libres, derechos humanos según los estándares europeos. Sin ambigüedades ni “períodos de transición” eternos.
  • Acceso inmediato a las ayudas y políticas públicas españolas: sanidad universal de calidad, sistema educativo homologado, pensiones dignas, subsidios al desempleo, fondos de cohesión europeos…
  • Ciudadanía europea para todos los cubanos. Pasaporte de la UE. Poder vivir, trabajar, estudiar, emprender o jubilarse en cualquiera de los 27 países sin pedir permiso ni visa. Algo que cambiaría la vida de millones de personas de un día para otro.
  • La posibilidad real de que muchas de las familias separadas por la emigración forzada se reencuentren. Hay millones de cubanos en Estados Unidos, 1,3 millones nacidos en la isla y casi 3 millones en total, incluyendo a la segunda y tercera generación. En España, cerca de 300.000 y unos 100.000 más en otros países de la UE. Muchos de ellos podrían decidir volver a la isla sin renunciar a nada, o podrían ir y venir sin miedo.

No hablo de colonialismo ni de imposición. Hablo de una oferta voluntaria, democrática y bilateral.

Por eso Oswaldo piensa que cualquier propuesta seria debería pasar por un referéndum doble: uno en Cuba y otro en España. Que los cubanos decidan si quieren dar ese paso y que los españoles decidamos si estamos dispuestos a integrarlos como iguales. Sin prisas, sin trampas, con todas las garantías. Si ambas partes dicen sí, adelante. Si no, se respeta y punto.

Y aquí viene la parte que a mí me parece más interesante desde el punto de vista geopolítico.

¿Y Estados Unidos? Porque no se puede hablar de Cuba sin hablar de Washington.

El actual presidente de Estados Unidos (y varios antes que él) han dejado claro, con palabras y con hechos, que consideran el continente americano su “zona de influencia privilegiada” o su “patio trasero” (según el día y el traductor). Bien. Supongamos que eso no cambia.

Pues precisamente por eso, una Cuba integrada en España y en la Unión Europea podría ser, paradójicamente, una buena noticia para Washington.

¿Por qué?

Porque la reconstrucción económica brutal que necesita la isla no la tendría que pagar Estados Unidos. La pagarían España, la Unión Europea y, sobre todo, los propios cubanos que regresarían con capital, conocimientos y ganas de invertir. Sería un esfuerzo europeo, no estadounidense.

Y, al mismo tiempo, se podría (y se debería) negociar desde el principio la participación de empresas norteamericanas en igualdad de condiciones con las europeas. Hoteles, agricultura moderna, energías renovables, tecnología, infraestructuras… Hay muchísimo dinero privado estadounidense esperando oportunidades en Cuba. Con un marco legal serio y estable (el europeo), ese capital entraría mucho más rápido y con menos riesgo político que en cualquier otro escenario.

En resumen: los estadounidenses se quitan de encima la presión de tener que “resolver” Cuba ellos solos, evitan que China o Rusia llenen ese vacío, y siguen teniendo una puerta abierta de negocio privilegiada. Todos contentos. O al menos, todos con menos dolores de cabeza.

Sabemos que suena utópico. Sabemos que hay mil obstáculos: el rechazo visceral de una parte del exilio, la desconfianza de otra parte dentro de la isla, el inmovilismo del gobierno actual, la pereza mental de muchos en España y en Europa… Lo sabemos todo.

Pero también sabemos que, a veces, las ideas que parecen más locas son las únicas que pueden romper un bloqueo que lleva setenta años sin moverse.

Gracias, Oswaldo, por plantarme esta semilla en la cabeza. No sé si algún día germinará. Pero mientras tanto, me niego a pensar que el único futuro posible para Cuba sea seguir como hasta ahora o esperar una intervención milagrosa que nunca llega. Y por eso doy difusión a tu análisis y propuesta.

A lo mejor la solución está en mirar hacia atrás… para caminar hacia adelante de otra manera.

¿Qué opinas tú?

(En los comentarios me encantaría leer argumentos a favor, en contra, dudas, burlas… todo. Pero con respeto, por favor. Esto no es una pelea de gallos, es pensar en voz alta sobre el destino de un pueblo que sentimos muy, muy cerca).