Hoy publica El País http://politica.elpais.com/politica/2013/01/30/actualidad/1359583204_085918.html un artículo que arroja datos brutales sobre pagos a los dirigentes del PP durante años.
Mi primera reacción es de cautela. No es la primera vez que se publica algo que luego se demuestra falso – véase la famoso foto de Chávez en el hospital de hace unos días – pero aunque el documento fuera original, puede derivarse de acciones legítimas, como pagos para gastos a cargo del partido (que luego tendrían que justificar) o remuneraciones bien reglamentadas.
Sin embargo, como conocemos el percal y la categoría moral de la mayoría de nuestros políticos, no sería sorprendente descubrir que estos pagos fueran en dinero negro; es más, nuestros queridos políticos han conseguido que de entrada asumamos que lo más probable es que estos pagos fueran irregulares.
No voy a tomar partido aún, ni a colocarme en una posición de ataque o defensa hasta que la situación se desarrolle más y veamos la totalidad del escenario, sólo permanezco en mi actitud habitual de repugnancia hacia la mayoría de nuestra clase política, digna representante de lo peor de la sociedad española.
Necesitamos políticos honrados. Me siento como Diógenes de Sinope, con una lámpara en la mano y gritando: «Basco un político honrado». Como ya dije en otra ocasión, conozco a algunos, pero son tan poquitos, tan miserablemente poquitos, que no constituyen más que la excepción. ¡Qué pena!