El becerro de oro y las nubes de incienso
Como bien advirtió el perspicaz Francisco de Quevedo:
«Madre, yo al oro me humillo, él es mi amante y mi amado, pues de puro enamorado anda continuo amarillo.»
Nada ha cambiado en cuatro siglos, salvo que ahora el «amante amarillo» no solo anda continuo, sino que corre a una velocidad que deja en ridículo a cualquier algoritmo de alta frecuencia. Estamos a las puertas de la Semana Santa de 2026 y, mientras el mundo se prepara para el recogimiento, los mercados están viviendo su propia procesión de fe: la del Oro a 6.000 dólares.
1. El Brent a 101 y el «Jamming» y «Droning» de Ormuz
La situación es de manual. Ayer, el petróleo Brent volvió a saltar por encima de la barrera psicológica de los 100 dólares (cerrando en 101,20 dólares). ¿La razón? El Estrecho de Ormuz ya no es solo una zona de conflicto, es una zona de sombra. Los informes de interferencias masivas en los sistemas de navegación y el lanzamiento de decenas de drones, han convertido el paso de crudo en una ruleta rusa logística. Irán no cede y el mercado ha empezado a asumir que «la guerra va para largo».
En este escenario, el petróleo no es energía, es miedo puro inyectado en la inflación.
2. El «No a la Guerra» y la factura de Rota y Morón
En España, el ambiente está más caldeado que el asfalto en agosto. La firmeza de Sánchez con su «No a la guerra» y el veto al uso ofensivo de las bases de Rota y Morón ha provocado que Washington retire sus aviones cisterna y lance miradas de pocos amigos hacia Moncloa.
Trump, fiel a su estilo de «negociación» («enseña el mazo antes que luego se sientan a negociar mejor), ya está afilando la Sección 122.
La amenaza no es solo un arancel del 15% a las aceitunas y muchos ptros productos autóctonos nuestros; es también la posibilidad de que España quede fuera de la red de suministros militares críticos.
Resulta irónico que, en nombre de la paz, estemos a un paso de una guerra comercial que podría dejar a nuestras empresas de defensa pidiendo piezas por catálogo a otros bloques.
3. La hoja de ruta hacia los 6.000
¿Es realista el oro a 6.000 antes del Domingo de Resurrección? Veamos los números de este viernes:
- El soporte: El oro se ha consolidado en la zona de los 5.100 – 5.200 $. Los bancos centrales están comprando lingotes como si fueran papel higiénico en 2020.
- La volatilidad: Ayer vimos una corrección técnica del 0,8%, un «descanso del guerrero» necesario para limpiar manos débiles.
- La fe: Para llegar a los 6.000 necesitamos que el dólar flaquee un poco más bajo el peso de la deuda interna de EE. UU. y que la tensión con Irán pase de «caliente» a «incandescente».
Remate irónico a mi estilo
No deja de tener su gracia. Presumimos de ser la generación de los semiconductores, de la Inteligencia Artificial que escribe sonetos y de las divisas digitales que prometían libertad.
Pero, en cuanto un señor en Teherán aprieta un botón de interferencias o un señor en Washington firma un arancel con un rotulador grueso, toda nuestra sofisticación se derrumba.
¿Y qué hacemos? Lo mismo que hacían los conquistadores o los alquimistas: correr a comprar una piedra amarilla que no sirve para comer, ni para programar, ni para curar nada, pero que es lo único en lo que todos —ateos y creyentes— confiamos cuando los misiles empiezan a silbar sobre el mapa.
Si el oro llega a 6.000 antes de Semana Santa, no será un triunfo de la economía; será el monumento definitivo a nuestra incapacidad para gestionar el mundo sin recurrir a los clásicos: el garrote, el muro y el tesoro enterrado.
Así que, preparemos las torrijas, pero por si acaso, mantengamos el oro a buen recaudo. Que este año, la procesión va por dentro de la cartera.