En medio del caos, también hay oportunidad. (Sun Tzu)

El arte de navegar la incertidumbre: De Ormuz a las bases españolas

Como bien escribió Sun Tzu en El arte de la guerra:

«En medio del caos, también hay oportunidad.»

Pero seré claro: para el ciudadano de a pie y para el inversor, el «caos» de esta semana de marzo de 2026 se siente mucho más parecido a una asfixia económica que a una oportunidad.

Estamos viviendo una tormenta perfecta donde la logística marítima y la geopolítica de alto nivel han convergido en tu factura de la luz y en el precio del combustible y sus consecuencias para todos los ciudadanos de a pie, los autónomos y las empresas del país.

El Estrecho de Ormuz: Cuando el mapa deja de funcionar

Lo que está ocurriendo en el Estrecho de Ormuz no es solo un conflicto de fuerzas; es un colapso logístico.

El uso de interferencias (jamming) masivas en las señales GPS de los buques no tiene precedentes. Cuando los barcos no pueden navegar con seguridad, las rutas se cierran.

No es solo que el barril de petróleo esté rozando máximos históricos; es que, literalmente, el suministro no puede salir del Golfo. La escasez física ha sustituido a la especulación de papel.

La «Sección 122»: La apuesta de alto riesgo de Trump

Mientras el precio del crudo presiona al alza, la administración Trump ha redoblado su apuesta comercial. La implementación de aranceles bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio ha desatado una batalla legal sin precedentes: 24 estados han demandado al gobierno federal, argumentando que se está usando una ley de 1974 para una guerra comercial indiscriminada.

  • ¿La realidad técnica? Estos aranceles no son solo un impuesto a países extranjeros; son un impuesto directo al consumo que encarece la maquinaria, el transporte y, por ende, el precio final de cualquier producto importado.
  • El dilema: Trump busca reindustrializar Estados Unidos, pero lo está intentando en medio de una crisis energética global que encarece los costes de producción en tiempo real.
  • La solución: Trump sabe que el alza en el precio de la energía junto con el castigo arancelario a los productos del extranjero provocará un aumento del paro en su país (como en los demás) y un entorno económico muy complicado. Posiblemente estará considerando resolver el coste energético dando un respiro a Irán, al estilo Venezuela, y paralizando la puesta en marcha de ese 15% que le salió por la boca cuando el Tribunal Supremo de EE.UU. le frenó aplicar el «artículo 33» (por mis …) en los aranceles.

La posición de España: En el centro de la diana

España vive hoy una situación de equilibrio diplomático extremadamente frágil. La negativa del ejecutivo de Pedro Sánchez a permitir que las bases de Rota y Morón se utilicen para operaciones ofensivas contra Irán y su proclama pacifista «No a la guerra»— ha tensado la cuerda con Washington hasta niveles nunca vistos en la última década. Una cuerda que está perdiendo hilos al paso de las horas.

Porque esta decisión no es solo diplomática; tiene un componente comercial evidente. La amenaza de represalias bajo la excusa de la «seguridad nacional» estadounidense pone en riesgo el tejido exportador español. Mientras tanto, en nuestras gasolineras, los precios no reflejan la bajada de tensión porque las refinerías están pagando primas de riesgo marítimo que, inevitablemente, terminan en tu depósito.

Conclusión: ¿Qué debemos esperar?

Estamos en un momento donde la gestión de riesgos es la única herramienta válida. La desconexión entre los mercados financieros y la economía real nunca ha sido tan grande. Si algo nos enseña esta semana, es que la política interna y la geopolítica global ya no se pueden analizar por separado.

La pregunta no es si el precio del combustible bajará, sino cuánto tiempo puede aguantar la economía europea este nivel de presión antes de que la recesión por costes deje de ser una amenaza y se convierta en una realidad.

Mantener el espíritu, el esfuerzo y la tenacidad son acciones esenciales en estos momentos, ya que no tú ni yo decidimos nuestro futuro estos días.

Y el humor, ¡ay! el humor, que no falte nunca.

«A por ellos» gritaba mi gran amigo Mike Merry, y se echaba a dormir en la cabina del avión de American Airlines que nos llevaba el domingo por la noche desde Miami a Sudamérica, trabajando para la multinacional estadounidense de información financiera de la que éramos los encargados de América Latina y El Caribe.

Ese humor.

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