Hay que imaginar a Sísifo feliz (Albert Camus)

Albert Camus, ese argelino que se dedicaba a diseccionar el absurdo con una navaja suiza de ironía francesa, lo clavó en El mito de Sísifo: “Hay que imaginar a Sísifo feliz”.

Imagínatelo: el pobre hombre empujando su roca montaña arriba, sudando sangre, solo para que, en el último metro, la piedra se ría en su cara y se precipite rodando hasta el valle.

Eternamente. Castigo divino puro.

Y Camus, con esa sonrisa torcida que solo tienen los que han mirado al vacío y le han guiñado un ojo, nos dice: pues que el tipo esté contento, caramba.

Doble sentido, amigos. Porque la frase no es una orden de felicidad forzada; es una bofetada filosófica con guante de seda. El absurdo no desaparece. La roca sigue siendo roca. Lo que cambia es la cara que le ponemos mientras la empujamos.

Y ahora traduzcámoslo al idioma que de verdad nos importa aquí: el del trading.

Cada día es exactamente eso.

Abrimos la plataforma antes de que abra el mercado de valores.

Para los que nunca han operado, en las plataformas de trading los precios están vivos 23 horas al día, 5 días a la semana, generalmente, aunque algunas ofrecen precios, para las criptos, también los fines de semana. Pero cuando abren los mercados de valores (a las 09:00 los europeos, y a las 15:30 los estadounidenses) y cuando los traders profesionales de bancos y casas de inversión se ponen delante de sus macro-pantallas, entra el volumen fuerte y empieza la fiesta.

Bueno, como iba diciendo, antes de que abran las bolsas chequeamos geopolítica, semiconductores, oro que brilla como refugio, dólar que se pone chulo, Bitcoin haciendo el payaso… y empujamos nuestra roca: análisis, plan, entrada, stop, target.

Con pasión, con entusiasmo casi adolescente.

Y entonces, pum. Un rumor de Irán, un tuit de Trump, un dato de la Fed que nadie esperaba o, simplemente, el mercado decidiendo que hoy le apetece ser puñetero.

La roca rueda.

Otra vez.

Drawdown, stop cazado, cuenta que sangra un poco.

Absurdo total.

¿Y qué hacemos? ¿Maldecimos al cielo? ¿Tiramos la toalla y nos vamos a vender seguros de vida? No. Porque el que lleva años en esto sabe que la única rebelión digna contra el absurdo bursátil es imaginarte feliz empujando.

Feliz en el esfuerzo diario de estudiar, de no dejarte llevar por la euforia del rebote ni por el pánico de la corrección. Feliz en la paz que da aceptar que nunca controlarás el mercado, pero sí cómo reaccionas a sus caprichos. Feliz en la pasión casi romántica de ver cómo un gráfico que parecía muerto cobra vida de repente y te regala ese movimiento que compensa veinte frustraciones anteriores. Feliz, en definitiva, porque el que no disfruta del empujón… acaba aplastado por la roca.

Mirad la semana pasada: eufóricos a máximos, corrección que parecía el fin del mundo y, de repente, los toros volviendo a tomar el control como si nada.

Sísifo 1 – Roca 0.

Al día siguiente, la roca baja otra vez.

Sísifo 1 – Roca 1.

Y así. El partido nunca acaba.

Por eso el truco no es ganar el partido, aunque siga siendo el objetivo, sino disfrutar del partido sabiendo que es eterno.

La próxima vez que veas tu posición en rojo, que el oro suba porque el mundo se va a Parla (con perdón para los parleños) o que tus stops salten como fichas de dominó, sonríe.

No una sonrisa de idiota.

Una sonrisa de quien ha entendido el chiste cósmico.

Imagina a tu trader interior feliz.
Empuja con ganas.
Ríe cuando ruede.
Y vuelve a empujar.

Porque al final, la victoria real contra el absurdo es negarte a sentirte miserable mientras lo vives.

Buenos días, traders.
Que vuestra roca sea ligera… o al menos que os divierta empujarla.

Sísifo empujando la roca del trading

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