💀🙃Antes morir que perder la vida: la tautología que define (casi) todo

Hay frases que parecen sacadas de un manual de obviedades existenciales, y esta se lleva la palma: “Antes morir que perder la vida”.

No sé cuándo se me ocurrió, o si se manifestó porque la habría leído por ahí, pero me la he atribuido hasta que me demuestren que no es mía.

En serio, ¿quién necesita un recordatorio así? Es como decirle a un trader: “Antes quedarte en cero que perder todo el capital”.

O a un inversor en cripto: “Mejor liquidado que seguir «holdeando» en rojo eterno”.

La frase es tan redonda, tan tautológica, tan absurda.

Porque, en el fondo, resume la mayor trampa de la existencia: preferimos la muerte digna (o rápida) antes que una vida que ya no se siente como tal.

Piensa en los mercados. ¿Cuántas veces hemos visto a alguien aferrarse a una posición perdedora porque “perder la vida” (léase: admitir la derrota, cortar pérdidas, aceptar que el sueño se fue) duele más que ver cómo el equity se evapora?

“Antes morir que perder la vida” podría ser el lema no oficial de todo aquel que promedia a la baja hasta el infinito, o del que se queda en un trabajo que lo está matando lentamente porque “al menos tengo estabilidad”. Estabilidad… esa palabra tan bonita que a veces significa “vida en pausa”.

Y sin embargo, ahí está la gracia perversa: la frase no miente. Es brutalmente honesta. Prefiero palmarla de golpe (un crash, un stop out definitivo, un “game over”) antes que arrastrarme en una existencia zombi, donde respiras, pagas facturas, renuevas suscripciones… pero ya no vives.

Ya no arriesgas, ya no sueñas, ya no sientes el pulso de nada.

En los mercados financieros pasa lo mismo: hay días en que el gráfico te dice “sal de aquí o muere despacio”. Y muchos eligen lo segundo. Porque perder la vida (la ilusión, el capital emocional, el futuro proyectado) duele más que un -100% limpio y rápido.

Entonces, ¿qué hacemos con esta joyita de sabiduría absurda? La usamos de espejo. Cada vez que sientas que estás “perdiendo la vida” poco a poco —en una relación tóxica, en una estrategia que no funciona, en una rutina que te asfixia—, pregúntate: ¿prefiero morir (cambiar radical, cortar, resetear) o seguir perdiendo la vida gota a gota?

Porque al final, la verdadera volatilidad no está en el IBEX o en Bitcoin. Está en nosotros.

Y a veces, el mayor riesgo no es perderlo todo de golpe… es no atreverse a perderlo para volver a vivirlo.

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