Orwell no hablaba de algoritmos, pero podría haberlos anticipado perfectamente, porque era un visionario.
Hoy la verdad no desaparece: se ahoga. Se diluye en un océano de versiones, titulares, indignaciones y narrativas convenientes.
En el trading ocurre algo parecido: el precio no miente, pero el ruido sí. Y la mayoría opera sobre ruido, constante, permanentemente-
Decir la verdad, en los mercados financieros y en la sociedad, suele significar algo incómodo: aceptar lo que es, no lo que queremos que sea.
Aceptar pérdidas. Aceptar datos. Aceptar que no controlamos tanto como imaginamos.
Y sin embargo, ahí está la oportunidad: quien aprende a ver con claridad —sin autoengaño— ya está por delante.
Lo malo es que hay que empezar por esto, a no autoengañarse, y es lo más difícil.
La verdad no siempre es agradable, pero casi siempre es rentable.