Un aspecto que me llama poderosamente la atención, y que armoniza perfectamente con las tensiones fiscales: la cotización del yen.
Basado en rumores recientes, se espera una evolución volátil pero potencialmente alcista, con sospechas de una intervención inminente del Banco de Japón (BoJ), posiblemente acordada con la Reserva Federal (Fed).
El yen ha tocado mínimos de 34 años frente al dólar, cambiando a 151,94 yenes por dólar, lo que ha avivado posibilidades de acción como en 2022 .
Algunos colegas profesionales me han indicado que el BoJ podría intervenir pronto, especialmente tras las consultas de la Fed de Nueva York a varios bancos sobre sus posiciones USD/JPY, interpretadas como preparación para una intervención física coordinada .
Esto ya no es solo un rumor: en las últimas sesiones, el yen traspasó su mayor nivel desde agosto, subiendo un 3.8% en 7 días tras sospechas de intervenciones que «mantienen a raya» a traders y short sellers .
La evolución prevista? Nuevos recortes de tipos por la Fed y un endurecimiento monetario del BoJ impulsarán los flujos de repatriación, reduciendo el atractivo de bonos extranjeros y apreciando al yen –incluso un 1.2% reciente debido a las señales políticas.
Si se materializa una acción conjunta, como la de 1998 entre el BoJ y la Fed NY, podría catalizar a los mercados bursátiles, reduciendo la volatilidad en divisas y bonos. Sin embargo, algunos operadores de prestigio dudan de la eficacia si es unilateral, y no basta sola –necesita soporte fiscal, enlazando con las advertencias de Watanabe.
Lateralmente: ¿y si esta depreciación abre puertas a una «fortaleza inversa», atrayendo capitales y mitigando posibles impactos de importaciones caras en un Japón fiscalmente laxo? Es un rumor que añade emoción, pero también riesgo –ni EE.UU. ni Japón parecen contentos con el yen actual.
En cualquier caso, el compás lo marca el tiempo, pronto sabremos si esa intervención se produce … y sus consecuencias.