Las redes sociales le dieron el derecho a hablar a legiones de idiotas que antes solo hablaban en el bar (Umberto Eco)

Cuando todos hablan, ¿quién piensa?

Umberto Eco lo dijo con precisión punzante:

“Las redes sociales le dieron derecho a hablar a legiones de idiotas que antes solo hablaban en el bar.”

Esta frase —más allá de la dosis de ironía que contiene— encierra una observación crítica profundamente actual. En un entorno donde los filtros tradicionales de verificación, rigor y especialización han perdido peso frente a la inmediatez, no solo ha aumentado la cantidad de voces, sino también la confusión entre opinión y conocimiento.

Durante décadas, la difusión pública del análisis se apoyó en ciertos costes: la preparación, el tiempo dedicado a contrastar fuentes, la responsabilidad de sostener argumentos ante la crítica. Esos costes actuaban como barrera frente a la proliferación de afirmaciones superficiales.

Hoy, las redes sociales eliminaron casi por completo esos frenos. Cualquiera puede emitir juicios, presentarlos como hechos y ganar visibilidad sin intermediación alguna.

El resultado es una sobredosis de ruido. La saturación de opiniones simplistas compite con análisis fundamentados, no porque estos últimos carezcan de valor, sino porque el algoritmo premia la intensidad, la polarización y la certeza apresurada. El experto matiza, examina evidencias, reconoce límites: estas cualidades no siempre generan la misma energía comunicativa que la afirmación rotunda y sin matices.

No se trata de negar el derecho a expresarse; ese derecho es inalienable. Se trata de diferenciar entre nivel de discurso y responsabilidad intelectual. Cuando la saturación de voces sin criterio se confunde con legitimidad, la calidad del debate público se resiente. Y ahí radica el punto que Eco señala: el problema no es que existan voces diversas, sino que hoy todas suenan con el mismo volumen.

Hablar no equivale a decir algo valioso. Opinar no sustituye el análisis. Y tener un megáfono global no transforma automáticamente el ruido en mensaje. La verdadera habilidad en la era digital no es gritar más fuerte, sino pensar con mayor claridad.

Y ahora que caigo, según Umberto Eco, yo seré uno de esos idiotas, ¿no?

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