El desprecio a la mujer, inadmisible

Mira que intento respetar las opiniones del prójimo pero cuando un reconocido político larga lindezas como éstas, no puedo evitarlo y expresar lo que pienso. Es viceprimer ministro de Turquía.

http://www.gaceta.es/noticias/mujeres-deben-reirse-publico-30072014-0736

Este enajenado está obsesionado con el sexo, a todas luces, porque no solo comenta que «las mujeres no deben reírse en público» o que «ya no se ruborizan ni se giran cuando los hombres las miramos a la cara» sino que también llama al celibato entre hombres y mujeres. (Respecto de esto último, como se impusiera, queda una generación y después se acabó).

Estoy muy harto del machismo primitivo, de la opresión a las mujeres, de la consideración de las mismas como objetos sexuales o como bazofia y esclavas del hogar. Estos «hombres» son unos enfermos mentales peligrosos, porque intentan destruir en su celo religioso la esencia de la persona, sea hombre o mujer, despreciando a las mujeres y cultivando en los hombres ese desprecio por ellas.

Quisiera que por una vez al menos las cosas fueran al revés, que se sintieran sometidos a su mujer, obligados a ocultarse dentro de un ropaje opresivo que les oculte hasta los ojos incluso para salir a la calle, que no puedan conducir vehículos, ni estudiar una carrera, ni trabajar fuera de casa; que su único enfoque sea limpiar, cocinar, cuidar de los niños, atender a su mujer cuando ésta llega de su trabajo o de estar por ahí con sus amigas y obedecerla siempre, SIEMPRE, porque si no, le gritará y le abofeteará y le castigará sin comer o durmiendo en el establo. E incluso, si le apetece a ella, podría matarlo a sangre fría por insubordinado e insolente.

Hay que acabar con esta basura que en el fondo es totalmente antiética, antimoral y antirreligiosa. No debemos permitir ni siquiera declaraciones vejatorias o las que promueven la discriminación por sexo, como las de nuestro amigo viceprimer ministro de Turquía, que puede pensar lo que quiera desde su cráneo hacia dentro pero en su condición de político bien podría ahorrarse las chorradas que ha pronunciado porque establecen una invitación a los becerros descerebrados, que los hay sueltos por ahí, a imponer ese criterio aberrante del desprecio a la mujer.

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